La verdadera magia de un espacio de Coworking

Repentinamente sentí la imperante necesidad de escribir este post. Mientras navegaba buscando noticias nuevas sobre el sector del coworking en México, me topé con un blog de esos “especializados” en negocios y dinero que tenía una nota cuyo nombre es exactamente igual al que deliberadamente he utilizado para la mía.

Al principio creí que me había encontrado con un post interesante y nutrido acerca del tema, entenderán que no hay muchas fuentes buenas en español a comparación de las que hay en inglés por ejemplo, sin embargo, lejos de ser buena, resultó ser otro “publi-reportaje” pagado donde se tocan dos o tres puntos relevantes y ¡pum!, aparece entre líneas esa frase como de “infomercial” de las 12 de la noche en la tele: Y fue gracias a este o aquél espacio de coworking que encontré la solución a todos mis problemas

No sentí esa “verdadera” magia que alegan, no sentí algún aporte, no me puso a pensar, no me reflejó quizás ese sentido de pertenencia que un emprendedor o freelancer busca antes de decidir dejar su casa para ir a otro lugar a trabajar, cualquiera que éste sea. Sinceramente me pareció aburrida, un par de nombres por aquí, nombres por allá, los millones de un chavo y lo demás fue bla bla bla.

Al poner al sector del coworking en México dentro de una distribución normal aún no llega a su punto crítico, aún está en ese 13.6% de la población, con una clara tendencia alcista próxima a alcanzar ese 34.1% antes de llegar a su pico máximo y caer estrepitosamente. Lo que estamos viendo son espacios replicando la misma fórmula, copiando los mismos precios (tengan tantito vergüenza), los mismos eventos que sólo están migrando de lugar en lugar (cada vez más grandes por cierto) dentro de un mercado que en mi opinión, se está contrayendo. Acorde al último sondeo realizado por la revista Entrepreneur de Octubre de 2016, hay alrededor de unos 66 espacios en todo el país, esto significa un promedio de 2 espacios nuevos cada mes partiendo desde el 01 de Enero de 2014 cuando se realizó el último sondeo serio en la 1er Encuesta Mexicana de Coworking.

No es difícil adivinar la motivación de los fundadores, muchos de ellos son conversiones de oficinas virtuales que sólo pusieron sillas, mesas y cambiaron el nombre a su negocio; algunos otros motivados por el “boom” de emprendedores y sin poseer alguna habilidad técnica en especial, abrieron un espacio para ingresar al ecosistema y ganar dinero dentro de la “tendencia” de “moda”. Otros espacios son franquicias mayoritariamente internacionales más consolidadas que vienen a lo que vienen: vienen por tu lana. Tienen una imagen construida, un prestigio y todo bien medido.

En un entorno así: ¿En dónde está la verdadera magia?

La respuesta es sencilla: No hay tal magia, el coworking no es un circo o show de fenómenos. No es Disneyland donde se supone que a cada paso exploten fuegos artificiales, pase un desfile o haya propuestas de matrimonio por docenas frente a una fuente. El coworking es la suma de voluntades individuales en pro de un beneficio colectivo que se traduce en interacciones que aportan desde un sentido de compañía, hasta cosas más emocionales como comprensión, entendimiento y solidaridad.

Se refleja en una mejora en el estado de ánimo con el que uno trabaja en su proyecto y se traduce en números, mejores métricas por el apoyo de primera mano que uno recibe de la comunidad, y la expansión de oportunidades de negocio por estar en constante contacto con gente que está generando nuevas ideas.

Respecto al “publireportaje” descarado me he dicho a mi mismo: Carlos, quizás el problema contigo es la palabra magia” — y probablemente así es, ya que la magia por sí misma es espontánea y no dura, es fugaz y sólo deslumbra por un instante, al final, si de verdad tuviera que decir que un espacio es mágico, significaría que es un espacio para ir una sola vez y no volvería más ya que siempre sería lo mismo una y otra vez. Para un espacio de coworking creo que usaría la palabra EFECTO, la cual refleja algo más cíclico y que ocurre en la convergencia de muchos factores al mismo tiempo, es algo casi natural.

A reserva de que alguien ya haya acuñado el término, diría sin dudas que a lo que me refiero es algo llamado: “El efecto coworking”

Al entrar a un espacio de coworking debes sentir la misma confianza y naturalidad que sientes al llegar a tu casa (con toooooodos los factores que eso involucra), y una urgente necesidad y energía de sentarte a trabajar en tus ideas.

Ambas cosas deben pasar al mismo tiempo y con la misma intensidad, de lo contrario sólo pagaste por un pretexto para estar ahí y cambiar tu rutina. Si ya estás en un espacio y esto te está pasando, deberías sentarte a pensar y evaluar algunos aspectos como:

  1. Si para el espacio en el que estás eres sólo un número más.
  2. Si no puedes personalizar nada porque no está permitido.
  3. Si sólo eres una pieza en su tablero de pretensión.
  4. Si los coworkers son más una competencia que un aporte.
  5. Si estás a 30 mts de distancia del coworker más próximo.
  6. Si no sientes la confianza de sentarte a hablar de cosas personales con los demás.
  7. Si no puedes ni concentrarte porque todo el tiempo hay ruido de eventos.
  8. Si no puedes ser tu mismo porque las políticas del espacio son estás o aquellas.
  9. Si llegas al final del mes y no piensas cómo, o si podrás pagar tu plan de trabajo.
  10. Si te cobran hasta el aire que respiras.
  11. Si sientes que no estás aumentando tu productividad.
  12. Si sencillamente sientes todo muy plástico y artificial.

Si se cumple alguno de ellos, en lo muy personal te aconsejaría que salgas inmediatamente corriendo de ahí, vete a cualquier starbucks porque definitivamente estarás mejor ahí, o vuelve a tu casa, quizás aún no es tu momento de salir a trabajar a un espacio de coworking, y créeme es normal. Así como no toda la música ni la cerveza es para todos, lo mismo pasa con los espacios de coworking, debes encontrar aquél en el que te sientas como en casa, debes de estar justo en el momento de ya no querer seguir trabajando desde tu cama, debes desear cambiar tu rutina o establecer una completamente nueva.

Quien busca un espacio de coworking se encuentra en un “timing” muy, pero muy específico de su vida y su proyecto, es alguien que ya sabe que eso necesita y no sólo lo hace porque es la “tendencia” (odio esa palabra con toda mi alma).

Te lo digo en serio, no existe tal magia; en el espacio del cual formo parte desde hace 5 años, he vivido todas las etapas más recientes e importantes de mi vida y he podido ser testigo de esto que te digo. He sufrido los altibajos de las transiciones, los éxitos y fracasos personales y profesionales, he visto ese éxito y fracaso en la gente, en mi comunidad, en lo que hoy es mi nueva familia, he visto ir y venir amigos; puede parecerte trivial, pero administrar un espacio de coworking es la cosa menos superficial del mundo. No puedes evitar no involucrarte y sentir con ellos eso que les pasa. Por eso a lo que esta persona que escribió la nota le llama magia, es en realidad un COMPROMISO REAL.

Este es un efecto extraño que me gustaría que los demás espacios entendieran y compartieran, sin embargo, sé perfectamente que aún están en la etapa de vender, vender y vender y no son capaces de verlo. Ojalá se den cuenta pronto que ese no es el camino (being there, done that!) y empiecen a tomar en cuenta más al usuario.

Por Carlos Espinosa, Cofundador de El 3er Espacio.

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1er #Coworking en México. Sin estereotipos, sin pretensiones. Mindfulness space. No somos una comunidad, somos una familia. The badass guys of entrepreneurship!

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